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Samuél León, experto en Valparaíso

2 comentarios 09/07/2013 Categoría: Eventos, Historia Escrito por: jbarahona

Samuél León es uno de los “conversadores” en nuestro evento “Asiento&Conversación” el próximo 25 de julio. Puedes solicitar tu asistencia acá.

(el siguiente texto es la transcripción de una entrevista hecha por el diario El Mercurio el año 2002 a Samuel León)

 

Samuél León

Samuél León (Foto La Otra Voz)

Así como existen los egiptólogos, existen los valparaisólogos. Samuel León, un investigador urbano que lleva más de treinta años estudiando la historia oculta del puerto principal, es uno de ellos. Y con él emprendimos un sorprendente recorrido por los vericuetos de esta ciudad sin fondo, que siempre sorprende y jamás se acaba de conocer. Así es que bienvenidos a lo que es también un recorrido virtual. Bienvenidos a la que es, sin duda, la ciudad más hermosa y misteriosa de Chile: Valparaíso, mi amor.
Texto: Sergio Paz, desde Valparaíso

Doce del día. Rodoviario de Valparaíso. Salida por Puerto Montt. Ahí nos espera Samuel León, un hombre alto de barba cana, un tipo de 62 años, fuerte y lúcido, que se ha pasado más de la mitad de su vida estudiando la historia de Valparaíso con la pasión y garra de un felino agudo y obsesivo.

León, por cierto, fue alguna vez santiaguino, pero desde 1959 vive en Recreo, aquel sector residencial equidistante quince minutos del centro de Viña y de Valparaíso: todo por amor. Desde que a los diez años vio Valparaíso por primera vez, Samuel cayó rendido ante la magia Lego del ascensor del cerro Los Placeres ­hoy fuera de servicio­ y desde entonces se propuso vivir algún día cerca del puerto, cosa que logró hace ya varias décadas. Tal vez por lo mismo, Samuel León no tiene auto y desde hace años recorre la región a pie.

Cuando nos encontramos con él, eso sí, lo pasamos a buscar en un auto del diario y en ese preciso instante se convirtió en el guía oficial. Sin problemas para hacerlo ­León trabaja entre otras cosas organizando caminatas a los turistas franceses que visitan la ciudad­ habla en el acto con la solidez enciclopédica del Libro Gordo de Petete. Dice que Valparaíso siempre ha estado a punto de capotar pero que, digno, siempre ha resurgido. Intentó derrumbarlo el terremoto de 1906, la crisis del 29, el canal de Panamá, pero la que fuera capital cultural y financiera de Chile durante muchos años del siglo 19 nunca se rindió.

Se nota. El auto avanza. Samuel León habla. En cuanto pasamos frente a una pequeña plaza, Samuel menciona que prepara una monografía sobre las corridas de toros que se hacían en Valparaíso. ¿Corridas de toros en Valparaíso?

Una plaza ­dice León­ estaba en Avenida Francia, hacia la calle Colón. Otra en Playa Ancha, en lo que es hoy día el parque Alejo Barrios. Y la tercera en Avenida Argentina, a una cuadra del Congreso. Se prohibieron las corridas allá por 1823, pero la gente las siguió realizando. Claro que como la prohibición incluía que no se diera muerte al toro, el estoque fue reemplazado por una banderilla.

Memorabilia pura. Sus datos iluminan lugares que están a punto de derrumbarse y se suceden unos a otros con la fluidez de un anticiclón del Pacífico. Y, ya que hablamos de muertes, en un minuto Samuel recuerda otro dato extraño:

En los ascensores de Valparaíso se registran cuatro muertes. Yo sé de dos. Por ahí por el año 1917, un borracho abrió la puerta y se tiró cerro abajo. Años más tarde, otro cabro iba con unas primas y trató de hacerse el lindo, asomó la cabeza hacia fuera y se la reventó contra un muro.

Curiosidades. Historia freak. Una de las especialidades de Samuel León.

Uno de sus trabajos consiste en conducir a turistas franceses por los vericuetos de Valparaíso. ¿Por qué el interés de ellos?

“Los franceses tienen una verdadera devoción por Valparaíso. Y, en líneas generales, es lo único que realmente les importa de Chile. Lo que sucede es que hay un momento en la vida comercial de Francia que los une mucho con Valparaíso, al punto que se generó una veneración mítica hacia el puerto en la marinería francesa. Hacia 1840, cuando se comienza a abrir la ruta del Atlántico, Valparaíso era sólo una aldea portuaria, pero a poco andar se convirtió en el primer puerto del Pacífico sur. Y por eso, para los franceses hablar de Valparaíso era como hablar de Katmandú. Hay, de hecho, una vieja canción marinera que dice un un quai et cent bordels!; un muelle y cien prostíbulos. Ahora, en relación a las putas del puerto, Joris Ivens ­el documentalista más destacado del siglo 20­ se instaló en el puerto a principios de los 60 y filmó “A Valparaíso”, una película que registra el Bar de los Siete Espejos, un lupanar famoso internacionalmente que tenía en el segundo piso siete espejos gigantes, y que ya no está”.

En todo caso, hay quienes se han preocupado de restaurar casas de época, tal como lo hizo el dueño del Hotel Brighton.

“El Brighton es un hotel que no debe tener más de cinco años. O sea, fue hecho a la antigua con materiales de ahora, donde antes estaba la estación del ascensor Esmeralda. En todo caso, el proyecto es de Nelson Morgado, que es arquitecto y tiene mucha idea de lo que hay que hacer en esa área, de partida porque ejerció veinte años en Barcelona. Parecido es el caso del Café Turri, que fue construido hace unos diez años por Raúl Alcázar. Raúl está ahora rehabilitando una casa que se llamará Hotel Sommerscales, y para eso ha invertido un millón de dólares. En la misma línea está lo que ha hecho la Fundación Valparaíso creada por Todd Evan Temkin, un joven norteamericano, profesor de literatura, que llegó a hacer clases a Santiago hasta que conoció Valparaíso. Evan Temkin cuenta con importantes recursos de organizaciones como la Fundación Ford, y se ha propuesto restaurar casa particulares. Uno de sus logros es la restauración de un caserón descomunal en el cerro Bellavista, donde está su fundación y el restaurante Gato Tuerto”.

Veamos Valparaíso en números. ¿Cuántos ascensores hay?

“En algún momento hubo 28, pero funcionando sólo quedan trece, aunque se está por reponer uno más. Es decir, se ha perdido casi el cincuenta por ciento de los ascensores. Y, en general, se estima que en la ciudad hay una pérdida del setenta por ciento del patrimonio arquitectónico”.

A propósito de ascensores, ¿cuál es a su juicio el más espectacular?

“El que más me gusta es el del cerro Monjas, cuyo primer tramo está muy apegado al talud, y luego, cuando pasas sobre la calle Baquedano, se dispara sobre una tremenda estructura de envigado. Por eso, cuando estás ahí, da la sensación de haber emprendido el vuelo. Pero el más curioso es el ascensor del cerro Polanco, cuya entrada es un túnel de 140 metros donde las aguas escurren por las paredes. Luego se toma un ascensor que asciende dentro del cerro y continúa por una torre para salir finalmente a un puente metálico que comunica con una calle totalmente distinta. Esa es la gracia de los ascensores de Valparaíso. Te elevan rápidamente a lugares en extremo misteriosos y silenciosos”.

Y cerros, ¿cuántos hay?

“Ahora se registran 43. Pero hay épocas en que se registraron muchos más. Lo que pasa es que un momento se decretó que este cerro y este otro se incorporarían en uno solo, tal como sucedió con el Cerro Cordillera a comienzos de 1920, juntándose entonces varias cumbres en un solo paquete. En general, la toponimia de los cerros es bastante curiosa. El Barón, por ejemplo, debe su nombre a que allí había una batería de cañones que instaló don Ambrosio O’Higgins, barón de Vallenary”.

¿Cuáles son su cerros favoritos?

“A mí me gustan mucho los cerros Alegre y Bellavista. Claro que hay otros muy interesantes que se han ido quedando marginados, como el Ramaditas. O aquellos en la parte alta de la ciudad, como el Toro y el Arrayán, que es donde habita la pobreza. Lamentablemente, muchos de esos lugares ya no se pueden visitar por la delincuencia”.

Existe una suerte de conciencia colectiva que asegura que, aunque se quisiera, Valparaíso nunca se podría terminar de conocer. ¿Es cierto?

“Valparaíso es una ciudad muy difícil de conocer, porque de pronto llegas a una esquina y te encuentras con caminos que conducen a lugares absolutamente distintos. Yo a veces tomaba un ascensor, salía a un camino y decía ¡cresta! ¿para dónde voy? Valparaíso tiene un tejido urbano increíble”.

Incluso aparecen casas nuevas que desconciertan.

“Bueno, ahí tienes el barrio Lautaro Rozas, que corresponde al nombre del alcalde que hizo mucho por Valparaíso entre 1928 y 1930. Él hizo la regularización del área de la Plaza Sotomayor, la feria de la Avenida Argentina, en fin. Tienes también el Palacio Baburizza, una construcción art nouveau, con mucho eclecticismo, que ha sorprendido a muchos europeos porque en Francia casi no se encuentran casas art nouveau. Sin embargo, nada se cuida. Y ves, por ejemplo, que arriba de Lautaro Rozas hicieron el Edificio Montealegre, una aberración de los años 60. Esa mentalidad no ha cambiado. Basta ver cómo el edificio de la Intendencia rompe la vista del Paseo Atkinson”.

Pero quedan casas bonitas…

“Quedan casas que se escaparon de esa cosa infausta que tiene la historia de Valparaíso: el terremoto, el incendio, los alcaldes, las termitas”.

¿Termitas?

“Siempre ha habido termitas, pero actualmente hay una plaga terrible que recrudeció en el último año. Lo que pasa es que si Valparaíso no tiene un mal, tiene otro. Partiendo por las termitas municipales que se pueden apropiar de un edificio con tan solo un decreto. Como ejemplo, no hace mucho se perdió una casa maravillosa en la Avenida Brasil. Un edificio del año 1906 o 1907, donde funcionó la Casa Central de la Universidad de Valparaíso. Eso, a los que valoramos el patrimonio, nos dolió mucho”.

En medio de este supuesto renacer de Valparaíso, usted está preparando una monografía sobre los grandes hoteles de Valparaíso. Suena extraño, considerando que hoy no existe ningún hotel de primera.

“Valparaíso llegó a tener 19 hoteles de primera categoría. La mayoría de ellos en la calle Serrano, antigua calle de la Planchada. Ahí estaba por ejemplo el Hotel Oddó, que aparece registrado en el “Chile Ilustrado” de Recaredo Santos Tornero de 1872. En todo caso, el más espectacular fue el Hotel Royal de calle Esmeralda, gran obra del arquitecto Esteban Harrington que se inauguró en 1899, convirtiéndose de inmediato en el hotel de mayor prestigio de toda la costa del Pacífico. El edificio aún existe, pero ha sido masacrado por pequeños boliches, fotocopiadoras, en fin, negocillos insignificantes. El gran problema es que las autoridades no tienen la cultura suficiente. Aún no se valora el extraordinario legado de Valparaíso, legado que continúa perdiéndose”.

ojo con…

Contacto con Samuel León (padre): Tel. 274 4427, en Santiago. Cel. 09-627 0423.
E-mail: saelec@yahoo.com

Samuél León es uno de los “conversadores” en nuestro evento “Asiento&Conversación” el próximo 25 de julio. Puedes solicitar tu asistencia acá.

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sin comentarios 04/09/2011 Categoría: General, Historia Escrito por: jbarahona

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